La sospecha se acrecentaba con el trabajo, pero no llegaba a convertirse en certeza. La arqueóloga Gianella Pacheco cargaba consigo los resultados de los análisis hechos a los pigmentos de los murales de Templo Pintado (650 D.C.). El rojo es hematita y sulfato; el negro, carbón; el verde, la incógnita. Su teoría: se trataba de una ofrenda traída por los peregrinos.