Ninguna de las 23 mil víctimas del terremoto y tsunami que azotó a Japón correspondió a siniestro de central de Fukushima / Científico peruano Edgard Medina: Dolorosa experiencia de hace un año abona a favor de continuidad de energía nuclear en el mu

Ninguna de las más de 15,391 personas fallecidas y 8,171 desaparecidas en el terremoto y tsunami que azotaron la costa japonesa el 11 de marzo del 2011, correspondió al siniestro de la central nuclear de Fukushima Daiichi, que fue la principal afectada por estos fenómenos, debido a la rápida evacuación de los habitantes de la Prefectura de Miyagui, donde se encuentra la central, seguida de una rigurosa monitorización de agua potable y los alimentos, sostuvo el director del Centro Superior de Estudios Nucleares del Instituto Peruano de Energía Nuclear (IPEN), Edgard Medina Flores. 


A un año de la tragedia de Fukushima, Medina Flores considera que este balance abona a favor de la continuidad de la energía nuclear en el mundo, porque el hecho de que ninguna de las víctimas fatales haya perecido por efecto de la radiación lanzada a la atmósfera por la central siniestrada por efecto del terremoto y tsunami, como sí ocurrió en el caso de la colapsada central de Chernóbil, confirma que este tipo de energía sigue siendo una alternativa segura de solución a los déficit de energía en el mundo. 

Medina recuerda que el colapso de la central de Fukushima, ubicada en la región Tohoku, se produjo en el marco de un terremoto de magnitud 9,0, seguido de un maremoto con olas hasta 10 metros que tuvo su epicentro en el mar, frente a la costa de Honshu, 130 km al este de Sendai, en la prefectura de Miyagi, Japón.

El balance final, agrega, respecto a las secuelas del siniestro de la central de Fukushima, ha sido corroborado por la Health Physics Society de Estados Unidos (http://hps.org/fukushima/), cuyo informe explica que los efectos en la salud por la radiación producida en el accidente deberían ser mínimos tanto para el público como para los trabajadores. 

Haciendo una mirada retrospectiva, Medina refiere que la central de Fukushima tiene 6 reactores nucleares de generación de energía eléctrica, los cuales fueron afectados por ambos fenómenos y puestos en emergencia, para los que fue necesario poner en marcha planes de protección y la ayuda del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) y de la comunidad internacional, especialmente EEUU. 

El Instituto Peruano de Energía Nuclear (IPEN), agrega, como organismo especializado en el ámbito de la energía nuclear y de la seguridad de los reactores y demás instalaciones nucleares y radiactivas, ha estado en permanente contacto con el centro de Atención de Emergencias de ese organismo. 

El 18 de marzo, siete días de la ocurrencia de la desgracia, el hecho fue categorizado temporalmente en nivel 5 de la escala INES, sin embargo desde el 12 de abril las autoridades japonesas (NISA, CNS), estimaron que la cantidad de materiales radiactivos emitidos al ambiente era alta, y elevaron la calificación al nivel 7. 

El nivel 7 corresponde a un accidente mayor con impacto en las personas y el medio ambiente, en el que se produce una mayor liberación de material radiactivo que pone en riesgo la salud general y el medio ambiente y requiere la aplicación de medidas de contraposición. 

Pero, en el caso de Fukushima, advierte, aunque el nivel 7 es el más alto de la clasificación INES, la cantidad de descarga de materiales radiactivos al ambiente tuvo una equivalencia a aproximadamente al 10 por ciento de los daños del accidente de Chernóbil.

Recuperación

En diciembre, el gobierno japonés anunció que las unidades 1, 2 y 3 de la central había alcanzado el estado de “parada fría”, es decir permanecían por debajo de los 100º C y se mantenía la refrigeración de forma estable. 

Estos logros, precisó, estuvieron determinados por las labores de extracción de los escombros radiactivos de los edificios para facilitar la circulación de robots que proporcionarán información sobre parámetros de interés en las zonas de alta radiación. 

Respecto a las acciones a futuro, destacó que la compañía propietaria TEPCO y el gobierno japonés han establecido un nuevo programa de trabajo que consta de una primera fase con una duración de tres años, en la que se extraerán los combustibles usados de todas las piscinas, seguida de una segunda fase en la que se repararán las contenciones y se llenarán con agua. 

Asimismo, el gobierno japonés, con el apoyo del Organismo Internacional de Energía Atómica, tiene previsto revisar la situación radiactiva en un radio de 20 kilómetros para iniciar la desclasificación de zonas. 

En caso que la exposición sea inferior a 20 mSv por año podrá iniciarse el regreso de la población evacuada. En aquellas zonas donde la exposición sea menor a 50 mSv por año, el gobierno colaborará en la descontaminación y reconstrucción. En aquellos terrenos cuya actividad conduzca a dosis superiores a 50 mSv/año, se estima que el tiempo de retorno puede ser de hasta cinco años. 

Luego de la tragedia de Fukushima-Dai-ichi, indicó, la reacción ha sido diversa en los distintos países del mundo. Así, por ejemplo, China, India y Corea de Sur, consideran seguir contando con la energía nuclear. En Japón, la gran industria, especialmente la de fabricación de automóviles y la electrónica, dos de los pilares fundamentales de la economía japonesa, considera que no es posible garantizar el suministro ni disponer de electricidad competitiva sin la energía nuclear. 

Europa, con sus 143 reactores nucleares, se ha planteado diferentes opciones. Alemania ha optado por abandonar la energía nuclear en el año 2022. Bélgica ha decidido el cierre del parque nuclear a partir del año 2015. Italia suspendió los planes de un nuevo parque nuclear. Finlandia continuará con la edificación de una sexta central, mientras que Francia continuará con sus programas y el Reino Unido concluirá con su quinta unidad en construcción. Y Estados Unidos revaluará la seguridad de sus reactores.

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